Después de mi testimonio que al parecer gustó, mi tia chocho peludo es protagonista de mi anterior relato «Tia tetona en jacuzzi con sobrina inexperta». Ahí relataba cómo comencé a decaer en mi debilidad por las mujeres de mayor edad y primero y sin discusión alguna, fue con mi tita caliente como ninguna. Ella soltera y loca del sexo, nos contaba entre croissants y cafeles calientes humeantes matutinos, cómo hombres extraños como sus vecinos, la usaban y penetraban a su antojo en la parte trasera de los coches.
Mi madre, la escuchaba atentamente porque su vida había sido todo lo contrario. Muy puritana ella. Casada con mi padre durante muchos años y felizmente en matrimonio o eso parece. Y mi tita, más suelta que un tornillo de la montaña rusa de Corkscrew (la atracción de Destino Final 3 en 2006) que descarrila, pues nos contaba y anal-izaba sus aventurillas eróticas. O podríamos decir, sus guarradas pletóricas.
Lo cierto que una vez supe todo su historial sexual, necesitaba experimentar. La realidad creo que siempre supera la ficción. Porque toda ficción surge de la realidad. Pero filosofías aparte, vayamos al grano.
Un día nos quedamos solas mi tita y yo. Ella hace honor a la vida tan potente que ha llevado, y su cuerpo, a pesar de no ser muy alta, proyecta todo un mujerón armada hasta los dientes. Nos quedamos solas y además en el sofá. Un lugar cómodo para lesbianas en potencia. Pronto pasaríamos al acto como dijo Aristóteles. Me adivinó, mi tita caliente, que seguro que sus aventuras eran de mi agrado, por las caras y atención que le mostraba.
-Ven aquí acércate, quiero que pruebes lo que tantos hombres ya han saboreado.
Así sin más, me lo dijo, mientras las dos reposábamos a gusto en el sofá tras nuestro desayuno. Mi madre se había ido a la compra.
Matorral escondido de tia chocho peludo ennegrecido
Dicho así parece el nombre del jefe de una tribu, tia chocho peludo, pero es así de cierto. Y lo reafirmo porque me lo enseñó inside cojines. Primero me dijo que me acercara y ante el temor de que mi madre regresara de la compra, yo me acerqué, obedecí. Me llevó junto a su pecho, todavía cubierto por un body de tirantes con el que acompañaba el café. Y muy pronto noté esos bultos de mujer hecha y derecha, pezones rabiosos, endurecidos al punto, cosa de la que yo carezco. La naturaleza no fue generosa en ese aspecto conmigo y tengo las tetas pequeñas. Por eso, mi tita va y me dice:
-Ven a mamar unas tetas de verdad, mi sobrina encarecida. Ahora que tu madre no está.
No había terminado de decir …tu madre… que ya me estaba aproximando como el bebé se dirige al biberón materno. No me lo pensé y ella se bajó el tirante o extrajo la teta, para darme de amamantar. Era su novicia o niña chupóptera pero con mi coñito ya algo crecidito.
Seguirá porque no puedo más. ¡Ah!, se me olvidaba, antes de probar su manjar, en un acto más que de obediencia, tuve que saborear su sobaco peludo. Me notaba salvaje. Lo cierto es que estuve a sus órdenes todo el rato. ¿Será que tengo tintes de sumisa novata lesbiana?




