Follamiga madura en la playa en pelotas

Cuando me quiero dar cuenta se me presenta mi follamiga madura en la playa. Sin más, porque en principio era una cita a escondidas de su marido, ya que ella quería quedar con algún otro. «No me voy a morir sin probar una picha más». Cuando me lo puso en el chat maduras españolas que es donde la conocí, me impactó al mismo tiempo que me calentó. Pues tienes razón, pensé, porqué terminar tus años con la misma salchicha. Esa por la que de forma hipócrita un día prometiste «hasta que la muerte nos separe». La muerte no sé, pero otro polla seguro que os va a separar: la mía.

Yo estaba muy decidido a tirármela dadas las conversaciones eróticas, y llamadas calientes que habíamos mantenido. Porque no solo habíamos estando chateando, o escribiendo guarradas, el sexting de toda la vida. Luego pasamos a algo más cercano como es escuchar su voz delicada y algún gemido que me regaló al oído. Se hartaba de decirme lo cansada que está de su soso y aburrido esposo, el pesado de mi marido, era la referencia continua a él. Total, que yo me dije, esta es la mía sí o sí.

De profesora de vacaciones a follamiga madura en la playa

Las playas siempre me han suscitado tanto rechazo como morbo lejano. Veo tanta gente, y tan desnudos y sobre todo tan juntos que solo acierto a pensar una cosa: se quieren y se desean. Si no, de qué iban a estar familias enteras unas encima de los otros, todos con los bañadores mojados, tetas y culos embadurnados de crema de coco.

Además de miradas indiscretas a la madura de la toalla de al lado, o al tío que ha decidido ponerse fuerte ya en la madurez. No hay control en la playa, y ya no digamos en la playas nudistas expresas como en Tarifa Cadiz, la de Bolonia. Donde el sexo entre extraños en arbustos o dunas, es más normal que pase el del helado. Que por cierto, ya no pasa. Las costumbres, las bonitas costumbres se van perdiendo. Pero dogging y cruising al perrito caliente se van imponiendo como nuevas formas de morbo. O tempora o mores. Cicerón. «Qué tiempos qué costumbres».

De esta manera, me enteré que ella es profesora de secundaria, todavía más tomate en macarrones. Con lo que me ponen las profesoras, y la de masturbaciones que he sufrido por su culpa.

Descubro que es profesora española más morbo todavía

Ahora tenía una docente, para una cita en el mar más que caliente. Y posiblemente pasara a ser una follamiga madura en la playa. Me lo había propuesto y ya se sabe, que en esta vida solo hace falta decisión para pasar a la acción..

Como así fue, quedamos y ella con su coche, me recogió en un punto donde le dije. En una gasolinera medio-abandonada y directos al mar que nos fuimos. No se puede imaginar la calentura que puede llegar a dar, estar en el interior de un coche con una madura, encima profesora y además entregada. Ofrecida a algo que no tiene, a una infidelidad por decisión personal y he tenido la suerte de ser yo el sujeto pasivo en esta subordinada.

Cuando llegamos a la playa después de una conversación ardiente en el coche, ella se desnudó. Y así la pude ver tomando el sol. Maciza, tetas caídas, nueva en esa plaza y con el apetito de dar rienda suelta a sus bajos instintos. Una profesora madura y desnuda. ¡Lo mejor que me puede pasar!

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